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Algunos metales como el oro, platino, cobre, paladio… son complejos de conseguir, no solo hace falta excavar y procesar los materiales, sino también emplear ingentes cantidades de energía y agua, cuando muchos de los aparatos eléctricos y electrónicos que tiramos se podrían reaprovechar, antes de ser convertidos en basura electrónica. Algunos estudios afirman que recuperar los materiales de los RAEE sale hasta 13 veces más barato que extraerlos de yacimientos naturales.

La basura electrónica o residuos eléctricos y electrónicos, en inglés “e-waste”, son aquellos que se generan cuando los equipos o dispositivos eléctricos y electrónicos dejan de cumplir la función para la que fueron diseñados y el dueño de los mismos los ha desechado o tiene la intención de hacerlo, es decir los que llamamos RAEE. En esta categoría de residuos podemos encontrar residuos electrónicos y eléctricos de todo tipo, clasificados en 7 categorías según la legislación. Para saber más sobre su clasificación, puedes leer este blog donde viene especificado cada tipo de categoría, y los metales más frecuentes con los que están compuestos.

Debido al rápido avance de la tecnología y el mayor acceso a los dispositivos eléctricos y electrónicos, la generación de este tipo de residuos se incrementa todos los años y es una de las de mayor crecimiento en el mundo, no solo porque queden obsoletos, sino porqué la gente los cambia cuando aún funciona el antiguo.

¿Cuál es la generación de residuos electrónicos y eléctricos?

El 2019 se cerró con un nuevo récord de basura electrónica generada a nivel mundial: según publica la ONU. Los denominados residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) superaron los 53 millones de toneladas el pasado año, una cantidad de chatarra equivalente a 4.500 veces los materiales que componen la torre Eiffel de París. Las predicciones apuntan que la cifra ascenderá hasta los 57 millones de toneladas en 2020. Estas cifras aumentan año tras año, pero los gobiernos son conscientes de ellos y ya están empezando a implementar medidas para la economía circular.

Observamos que solo el 20% de toda la basura electrónica que se está generado es reciclada.

Sabias que de todos los aparatos eléctricos y electrónicos que tiramos, almacenamos, donamos o se entregan al punto de reciclaje de basura electrónica, pueden contener hasta 60 elementos de la tabla periódica, de los cuales algunos son peligrosos y muy contaminables y otros reaprovecharles.

La basura electrónica bate el récord de 53,6 millones de toneladas en 2019, según la ONU

El peligro que conlleva

Algunos aparatos eléctricos y electrónicos tales como; televisores, equipos de audio, teléfonos celulares, ordenadores, impresoras, circuitos…) pueden contener y/o liberar materiales como mercurio, cadmio, plomo, cromo hexavalente, retardantes de llama bromados, compuestos perfluorados, ftalatos, formaldehído, etc., que son los elementos más comunes en la basura electrónica. Los cuales son susceptibles de causar diversos daños para la salud y para el medio ambiente. En especial, el mercurio produce daños al cerebro y el sistema nervioso, el plomo potencia el deterioro intelectual, ya que tiene efectos perjudiciales en el cerebro y todo el sistema circulatorio; el cadmio, puede producir alteraciones en la reproducción e incluso llegar a provocar infertilidad; y el cromo, está altamente relacionado con afecciones en los huesos y los riñones. Por poner algunos ejemplos, un solo tubo de luz fluorescente puede contaminar 16.000 litros de agua; una batería de níquel-cadmio de las empleadas en telefonía móvil, 50.000 litros de agua; mientras que un televisor puede contaminar hasta 80.000 litros de agua.

¿De dónde viene la basura electrónica?

Se calcula que para producir un ordenador se consume alrededor de una tonelada de recursos, en el caso de los teléfonos móviles unos 44 kilogramos para apenas 80 gramos de peso del aparato.  Más de la mitad son materias primas empleadas en su fabricación, como los llamados “minerales de conflicto” cuya extracción está controlada por grupos armados o se produce en nefastas condiciones de trabajo, entre los que figuran el tantalio, el wolframio, el estaño, el oro o el cobalto. El problema es que cuando vamos a la tienda todos estos procesos no los vemos y nadie nos lo cuenta o hacemos oídos sordos.

Un dato a tener en cuenta es que, en 2013, ya hace bastante, para obtener 226 mil toneladas de materiales necesarios para fabricar todos los smartphones en circulación, se tuvieron que excavar y procesar 450 millones de toneladas de roca, de acuerdo a los cálculos del investigador de la Universidad de Nottingham Samuel Kingman. Los materiales obtenidos pasan por refinerías y fundiciones antes de llegar a manos de los fabricantes de componentes tecnológicos como chips, placas base, condensadores y semiconductores. En el camino, además, se consumen ingentes cantidades de agua, químicos y combustibles empleados en la extracción, transporte y fabricación.

¿A dónde va a parar?

Aunque no te suene, Agbogbloshie es el nombre del mayor mercado mundial de electrónica, aunque quizá habría que especificar más: basura electrónica. Este barrio, pertenece a la ciudad de Accra, capital de Ghana (África), y por el momento es el principal vertedero de desechos tecnológicos del mundo, seguro que has visto alguna imagen… Al oeste de la ciudad y situado en pleno golfo de Guinea, está situado el puerto de Tema, que recibe alrededor de 600 contenedores al mes repletos de equipos electrónicos obsoletos. La mayoría de estos contenedores llegan de Europa.

Según Eurostat, en los países de la Unión Europea el 4% de la basura generada en el continente es electrónica, es decir, unos 10 millones de toneladas al año. En España se llega al millón de toneladas, de los que se considera que 750.000 son reciclables.

Un estudio muy preocupante, hecho por la ONU certificó en 2014 que en Agbogbloshie la concentración de plomo en el suelo llega a superar mil veces el nivel máximo de tolerancia, y la contaminación del agua y la tierra exterminó en menos de una década toda la biodiversidad de la zona. Otro informe de Naciones Unidas reveló que las pruebas realizadas en una escuela cercana a un depósito de residuos electrónicos destaparon una contaminación por plomo, cadmio y otros contaminantes perjudiciales para la salud de más de 50 veces por encima de los niveles libres de riesgo.

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